Che Guevara, en el eco de los pueblos del mundo
Eran las tres la tarde (15:00 hora local) del 8 de octubre de 1967. Capturado luego del combate del Churo, en una zona remota de Bolivia, Ernesto Guevara mantiene vivas sus convicciones.
A las 19:00 horas lo conducen hasta La Higuera. Los residentes en la zona sienten el temblor de la muerte. A 20 metros de la plaza del pueblo actualmente se encuentra el Museo Comunal La Higuera, que levantaron sobre la escuelita, el sitio donde ocurrió todo. Las órdenes desde la capital boliviana (La Paz) y desde Washington son radicales. Cuentan que el 9 de octubre mientras el sol arde sobre la tierra, el sargento Mario Terán apretó el gatillo.
El héroe se desangra pero su mirada intimida a los captores. Tras visitar La Higuera el fotógrafo y documentalista, Lautaro Actis, conversó con los locales sobre aquel día terrible y escribió: “El reloj marca que faltan 15 minutos para la una de la tarde (13:00 hora local), el Che se está desangrando cuando ingresa el sargento Bernardino Huanca, quien le da un puntapié que lo coloca boca arriba y, a menos de un metro de distancia, le dispara a quemarropa directo al corazón. Una hora antes, lo habían sacado afuera del lugar para tomarle unas fotos. Muchos vecinos del pueblo tienen aquel recuerdo”.
Los poetas y el tiempo han convertido al Che Guevara en una leyenda inolvidable. “Entonces llegó la noticia. Los cables anunciando tu muerte en un encuentro oscuro en un rincón del bosque americano.
Entonces llegaron las borrosas fotografías, temblando sobre el periódico,
en que tantas veces había aparecido ese rostro en su firmeza”, escribió Fina García Marruz, Premio Nacional de Literatura de Cuba en el su magnífico poema En la muerte de Ernesto Che Guevara. Y Continúa:
“No era la muerte a pleno sol, la muerte del guerrero rodeado de su tierra y sus hombres, a quien rapta la gloria, no era la plenitud del coraje, cuando el avión amenaza y se puede recordar todavía un cuento de Jack London,
sino la muerte sórdida, la soledad implacable del cuarto en que solo se espera ser ultimado, y lo más terrible no es la propia muerte sino afrontar lo escueto de esas paredes, las frías caras asesinas.”
Las balas terribles retumban todos los días en el eco de los pueblos del mundo. El escritor argentino Julio Cortazar encontró las palabras justas para recordar al Che más allá del tiempo: “Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía. Lo quise a mi modo, le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra. No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida”. Más allá de los días, del tiempo y de la muerte seguimos tu estrella elegida Comandante Guevara.
