Una casa para visitar siempre
Existe una casa en Habana Vieja, la parte más antigua de la capital cubana, siempre llena de luz.
Sus más pequeños rincones no pueden ocultar la huella de José Julián Martí Pérez(1853-1895).
Tocado por la mano poderosa de sol de la isla, encarnó el ansiado espíritu de libertad, un sueño que cristalizó su discípulo Fidel Castro Ruz aquel día de enero inolvidable.
Los vecinos de la calle Leonor Pérez número 314 (otrora Avenida de Paula) se refieren a la residencia como “La Casita de Martí”.
La calle lleva el nombre de su progenitora. Las paredes amarillas y puertas y ventanas azules, evocan esa mezcla vital de luz y mar que es inseparable de la condición de la antigua Villa de San Cristóbal de La Habana.
La casita hermosa se fundó como museo el 28 de enero de 1925 y fue declarada Monumento Nacional en 1949 por la entonces Comisión Nacional de Etnología y Monumentos.
En 1953, año del centenario del natalicio del Apóstol, se realizó una reparación capital y a la conmemoración del centenario del héroe fue invitada María Mantilla Millares, quien entregó a la institución el grillete que éste llevó en el presidio, reliquia que su familia había guardado por encargo del joven Martí.
Tras el triunfo revolucionario de 1959 en Cuba, la Dirección Nacional de Cultura estuvo a cargo del nuevo proceso de restauración y rehabilitación, que culminó el 28 de enero de 1963 cuando se cumplieron 110 años del natalicio del Apóstol.
Desde entonces se le denominó Casa Natal de José Martí y en 1994 pasó a formar parte de las edificaciones de interés de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
La construcción data de inicios del siglo XIX y está ubicada a pocos metros de la muralla que protegía a la ciudad del ataque de piratas y corsarios.
Hasta sus habitaciones llega el aire fresco del mar que acaricia la mayoría de los objetos que de Martí se conservan.
Cuentan que aún en las noches más oscuras de La Habana “La Casita de Martí” permanece iluminada con esa fuerza vibrante y poderosa de quien nos enseña cada minuto de nuestras vidas el soplo vital que nos distingue: la cubanía. Una casa para visitar siempre.
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