José Martí, misterio y trascendencia

José Martí- Dulce María Loynaz-colage-imop

José Martí, toca las fibras más hondas de lo cubano. Su huella marca con suave y poderosa gracia a grandes poetas cubanos. No es difícil imaginarlo levantando su pluma rebelde, trazando a golpe de espíritu versos eternos.

El yugo y la estrella ascienden entre las voces de muchos poetas para no descansar como el árbol que regala sus frutos a los seres que le rodean el año entero.

“Hay un modo de servir mejor — y como más dulce para quien ha de ser servido — que el ofrecer el tesoro de la bolsa o la inteligencia, el calor de las palabras o el ejemplo, la fuerza de los brazos o del carácter, y hasta el pecho del amor o de la bala que lo busca”, escribió Dulce Maria Loynaz, Premio Nacional de Literatura, una de las poemas más importantes del Siglo XX en lengua español.

El texto titulado Martí, hombre de fe, vio la luz en el libro José Martí y la comprensión humana, publicado en ocasión del centenario del apóstol por la independencia de Cuba.

“Hay, digo, un modo de servir, de dar, de hacer, más hondo y más enraizado, más difícil y más generoso, que más que en ningún hombre del Continente, se da en José Martí: y este modo de servir es creer. Creer es todavía más que amar. José Martí no solo amó; también creyó”, continua la Loynaz en el mencionado texto.

Como quien entiende y extiende ala más allá de las luces advierte la entrega sin límite del cubano universal: “Cuando Martí servía a Cuba, creía en ella, estaba seguro de su destino y de su puesto en el mundo. Y ante esta certidumbre, jamás juzgó perdido un solo paso suyo, inútil una jornada, incapaz un solo hilo de tejer la gran red. Jamás le dolió el esfuerzo sin recompensa urgente, el sacrificio desprovisto de fin inmediato, la palabra que se dice con sangre y parece que nadie oye… Martí jamás se queja, jamás vacila, jamás retrocede”.

Dulce María teje verso y alma. Cada idea que fluye victoriosa borda los hilos invisibles de la eternidad, conecta con la voluntad indoblegable de Martí. “No sabemos los ríos de amargura que se volcaron sobre él porque su miel está intacta. Ignoramos qué frío le puso alguna vez los labios blancos porque todo él es como una ola tibia que tibia llega todavía hasta nosotros. No nos queda memoria de sus noches de insomnio si las tuvo, de sus días de soledad que fueron muchos, porque él solo habló y escribió de amor y de esperanza. No sabemos de él nada que no sea fecundo, pleno, firme, jubiloso”, señala la escritora habanera refiriéndose a su autor más admirado.

Muchas horas compartió esa pasión con la chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura 1945. La gran poeta conservó toda su vida una admiración especial que la unió al espíritu martiano.

Seis años tenía la Mistral cuando en 1895 José Martí muerte en el oriente de Cuba. Dulce María toca la fertilidad y el sustento poderoso de las ideas martianas y las entrega en una prosa poética limpia, agradecida: “Él es quien ve nacer los pinos nuevos tras la tormenta reciente, por bajo de los pinos caídos, cuando casi no han asomado aún sus verdes puntas a flor de tierra; él, quien descubre la cosecha de perlas que da el mar arado por un rejón de fuego. Y es que solamente creyendo se empuja a veces la verdad reacia. Solamente creyendo le traspasamos nuestra sangre, le damos cuerpo vivo más allá de nuestro cuerpo y nuestra sangre”. 

El jardín de la eternidad se abre ante nuestros ojos. La fuente y la raíz de lo que somos. La prioridad es la patria, ese símbolo invisible que nos une al espíritu de la tierra que nos ha visto nacer. “Por eso, cuando las pasiones propias de un pueblo joven, en pugna unas con otras parece que nos ensombrecen el horizonte, yo evoco la confianza, el crédito de bondad y eficiencia que nuestro Apóstol abrió siempre a su Patria…Y digo entonces: -Somos los hijos de su fe, y Dios no dejará que nos perdamos…”, concluye la Loynaz.

Martí acompaña al ángel de la ciudad que lo vio nacer cada despertar. Su huella inspira a poetas y trovadores. Allí, donde la pureza de la ternura evoca su nacimiento, misterio y trascendencia vibran en verso y acción para siempre.

imop/

 

Compartir...