La fotografía submarina, un mundo fascinante

La fotografía submarina, un mundo fascinante. Foto: https://www.buenviajeacuba.com.

Después de revisitar algunas revistas turísticas cubanas donde abundan reportajes de hermosos paisajes submarinos, muy en especial los del punto de buceo de María la Gorda, me parece interesante tratar aquí el tema de la fotografía submarina, que no es, como algunos piensan, toda la que se hace bajo el mar, sino aquella que se toma a profundos niveles de inmersión que requieren del fotógrafo el uso de traje y equipos especializados, tanto fotográficos como de buceo, incluido el balón de oxígeno, aunque el calificativo de submarina se le pueda aplicar, técnicamente, a toda la que se realice bajo el agua. Que sea de mar o de lagos o ríos no hace la diferencia: lo importante es la profundidad.

No voy a entrar aquí en detalles sobre la especialización del equipo fotográfico que se necesita, solo diré no habrá buenos resultados, si el aficionado no tiene conocimientos previos de fotografía general. Por supuesto, nadie debe intentarlo si no es buen nadador ni tiene nociones de técnicas de buceo.

Los expertos en fotografía submarina recomiendan comenzar a entrenarse a poca profundidad usando el snorkel y evitar las grandes honduras marinas, que ofrecen muchos peligros para el aficionado que se arriesga por primera vez a alejarse de la costa.

También es necesaria cierta preparación psicológica, pues la vida sobre la tierra tiene enormes diferencias con la vida bajo el agua, y dos de ellas pueden arredrar bastante a quienes hacen sus pininos: la primera es la velocidad del movimiento, mermadísima por la densidad del agua, sobre todo la salada; y la segunda es la falta de luz, que irá disminuyendo en la medida en que el fotógrafo vaya bajando. Nunca se encuentra bajo ninguna clase de agua una luz semejante a la que estamos acostumbrados en tierra, por lo que es absolutamente necesario que la cámara incluya un aditamento de iluminación, sin el que el fotógrafo no solo no podría retratar las imágenes, sino que se encontraría completamente a ciegas, algo que resulta bastante intimidante incluso para quienes están habituados.

Hay otra situación que va a sorprender al aficionado, y es que los colores del fondo del mar (no tengo experiencia personal de inmersiones en lagos y ríos) son muy diferentes a los que reinan sobre la tierra y vemos todos los días de nuestra vida. En realidad, son un espectáculo alucinante que puede desconcertar y hasta asustar a quien se enfrenta a ellos por primera vez. Yo practiqué buceo como hobby durante cierto tiempo y nunca perdí esa sensación de maravilla consternada ante los colores que reinan en las profundidades marinas, pero los colores van desapareciendo en la medida en que aumentamos brazas: los cálidos, con el rojo a la cabeza, son los primeros en borrarse, y al final el panorama queda dominado por los azules y los verdes. A partir de los 75 metros de profundidad el mundo que verás será únicamente azul. Pero para cambiar eso se han inventado los filtros de colores, que todo fotógrafo puede llevar en su cámara.

Algo que el fotógrafo debe definir es si desea retratar ambientes, paisajes, animales u otra cosa, pues los equipos deben adecuarse al propósito. Esto es necesario, en primer lugar, porque bajo el agua los objetos se ven hasta un treinta por ciento más grandes de su tamaño natural. Y también hay que estar preparado psicológicamente para eso, porque nos puede agarrar un susto mayúsculo, como me ocurrió a mí en una de mis primeras inmersiones, cuando vi, a unos dos metros frente a mi cuerpo, un ser monstruoso cuya piel estaba repleta de pústulas asquerosas y me observaba con un enorme par de ojos globulosos, y tenía mi tamaño. Nunca he logrado saber qué era, pero con los conocimientos que tengo hoy, me atrevo a asegurar que era un habitante submarino muchísimo más pequeño. Mi horror fue inmenso, de verdad, y jamás he podido olvidar aquel encuentro.

Se recomienda evitar inmersiones para fotografía en aguas movidas. Es peligroso y por lo regular afecta la calidad final de las tomas, pues el fotógrafo no puede estabilizarse y se le dificultan los enfoques, y la arena enturbia la visibilidad.

A profundidades bajas, menos de unos cinco metros, se puede fotografiar algunos seres marinos como pequeños pulpos, estrellas de mar, algas, bancos de pequeños peces como las isabelitas, por ejemplo, y ciertos paisajes. Intentar bajar a mayor profundidad con el pesado equipo del fotógrafo submarino cuando se está comenzando es muy peligroso.

Si no se lleva equipos de flash en la inmersión hay que evitar colocarse a contraluz del objeto que se desea fotografiar, hay que mantenerse siempre con el sol a la espalda. En zonas donde existen rocas de colores claros cerca de la superficie, la luz del sol que penetre hasta allí rebotará en ellas y dará al fotógrafo una iluminación natural mucho mejor. Se supone que antes de la inmersión, antes incluso de llegar a la costa, el fotógrafo haya buscado alguna información sobre las características de la zona donde va a sumergirse, y el color de las rocas no es lo único ni lo más importante que debe conocer, sino, y sobre todo, qué clase de vida animal encontrará allí, porque un neófito que se encuentre de repente y cara a cara con un tiburón puede quedar paralizado por el pánico, como me pasó a mí en una ocasión, aunque por suerte era un inofensivo bebé de tiburón gata, que se asustó tanto de mí como yo de él.

No todos los habitantes de las profundidades se mueven con igual velocidad. Los peces son muy rápidos, las plantas oscilan con el ritmo de las corrientes, que no suele ser acelerado, y los caracoles, estrellas de mar, crustáceos y mariscos son lentos y muy fáciles de atrapar con el lente fotográfico.

Las medusas, anémonas y corales son otro asunto. A veces el fotógrafo necesita acercarse mucho a su objetivo, pero con estos seres hay que tener cuidado, porque son tóxicos, y en el caso de los corales, queman. Como las ondulaciones de sus movimientos pueden resultar hipnóticas para quien los contempla, es posible quedarse ensimismado mirándolos mientras la corriente nos va empujando hacia ellos. Son de una inmensa y poética belleza, por lo que se obtienen fotos preciosas.

Dos consejos que cualquiera podría descubrir por sí mismo: No cortar en el encuadre partes del objeto fotografiado, y no meter demasiados objetos muy apretados dentro del encuadre, porque eso da una sensación de asfixia al espectador de la foto. Dejar un espacio adecuado entre los objetos de una composición se llama “dar aire”.  Esta es una regla de oro para la composición no solo de la fotografía submarina, sino para cualquier forma de arte visual, desde la pintura hasta el cine.

El fotógrafo submarino tiene la obligación de cuidar y respetar el medioambiente con el mismo esmero que si estuviera en tierra. El medioambiente submarino es muy sensible. Tomo como ejemplo arrecifes o barreras coralinas, que atraen a muchos fotógrafos por su extraordinaria belleza. Pero los corales no se pueden tocar ni golpear con las cámaras o cualquier otro elemento del equipo fotográfico. También debes comprender que cuando diriges tu flash sobre un habitante del mar le causas un trauma, porque sus ojos no están habituados a una luz tan intensa, por lo que se recomienda que tengas a tu objetivo bien enfocado antes de disparar, para evitar que tengas que repetir los tiros de cámara varias veces. No hagas sufrir a los animales innecesariamente. Si para lograr la foto que quieres tienes que esperar un poco a que el animal que te interese se quede tranquilo, entonces ten paciencia, y la naturaleza te recompensará con una hermosa foto. Cuida también de no dejar en el fondo material de desecho de tu trabajo fotográfico ni botellas de plástico, recuerda que eso mata a los océanos.

Los consejos que doy aquí son muy generales y dirigidos más bien a orientar la conducta de quienes se inician en la fotografía submarina. Para un aprendizaje técnico se debe acudir a los libros, las guías y manuales, cursos online o a un instructor debidamente capacitado. Pero de algo sí quiero dejar testimonio aquí: de todas las cosas que he podido experimentar en mi vida, moverme en el fondo del mar ha sido una de las más emocionantes y maravillosas. Cuánto más lo será para aquellos que puedan conservar para siempre sus recuerdos gracias a la fotografía submarina.

fny

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