El arte en el alma de un guerrero
La vida militar y política definieron su destino. Pero, Juan Almeida Bosque, Comandante de la Revolución, también dedicó gran parte de su existencia a escribir libros y componer canciones.
Vino al mundo en La Habana el 17 de febrero de 1927, en el reparto Poey, municipio Arroyo Naranjo. A los 11 años dejó los estudios para dedicarse a la albañilería y ayudar a la precaria economía familiar.
Su pasión por la lectura le ayudó a conectarse a la realidad política de Cuba. Mientras laboraba como taquillero, albañil y mozo de limpieza en el Balneario Universitario de La Habana conoció a Fidel Castro. Entablaron una franca amistad y coincidieron en las convicciones revolucionarias.
Participó en el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953. Tras el fracaso de la acción y durante el juicio, Juan Almeida confesó al fiscal: “Yo declaro bajo juramento que sí participé en el asalto al Cuartel Moncada y que nadie me indujo, a no ser mis propias ideas que coinciden con las del compañero Fidel Castro y que en el caso mío provienen de la lectura de las obras de José Martí y de la historia de nuestros mambises”.
Años más tarde integró la expedición del yate Granma y durante la Guerra de Liberación Nacional fue uno de los jefes del Ejército Rebelde y fundador del III Frente Oriental doctor Mario Muñoz Monroy.
Comandante de la Revolución, jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria, vicepresidente del Consejo de Estado, integrante del buró político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, diputado al parlamento cubano y presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, fueron responsabilidades que marcaron su camino.
En cada paso, el arte se mantuvo fiel a la visión espiritual de su mundo. Más de 300 canciones y una docena de libros coronan intensas horas de creatividad.
Almeida obtuvo el premio Casa de las Américas en 1985 por “Contra el agua y el viento”, texto que narra los hechos acontecidos tras el paso del ciclón Flora por la isla en octubre de 1963.
Escribió también “La única ciudadana”, volumen publicado en 1985, que evoca los días de la Sierra Maestra, la formación del guerrillero, las primeras escaramuzas, los contactos con el campesinado, el paisaje y la flora.
La trilogía “Presidio”, “Exilio” y “Desembarco”, devela anécdotas de los primeros tiempos de la Revolución Cubana, y resalta la figura de Fidel Castro en su dimensión humana y política.
El espíritu musical de la isla cristaliza en obras inolvidables como “La Lupe”, “Este camino largo”, “Mejor concluir”, “Vuelve pronto” y “Mejor diciembre”. Grabó varios discos entre ellos “Elegía”, con obras consagradas a Cuba y sus mártires: José Martí, Antonio Maceo e Ignacio Agramonte, entre otros. Composiciones como “Dame un traguito” y “Déjala que baile sola”, validan su prestigio como compositor de música popular cubana.
La Habana se siente orgullosa de la obra de uno de sus hijos más ilustres. Juan Almeida es de esos seres humanos escogidos, que abrazó las virtudes de la tierra que lo vio nacer. Su legado distingue el poder del arte en el alma de un guerrero.
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