Crear conciencia para fundar una revolución (I parte)
Aquel terrible 1878 tras conocer la noticia del fracaso de La Guerra de los Diez Años o como se le conoce también Guerra Grande o Guerra del 68 (1868-1878), la primera de las tres guerras ocurridas en Cuba en la segunda mitad del siglo XIX con el objetivo de lograr la independencia de la metrópoli española. Las entrañas del patriota y pensador, José Martí tiemblan de dolor.
Regresa a Cuba pero las palabras estremecen sus sentidos. Así lo escribe en carta a su amigo Manuel Mercado: “¡Creen que vuelvo a mi patria! Mi patria está en tanta fosa abierta, en tanta gloria acabada, en tanto honor perdido y vendido. Ya yo no tengo patria: –hasta que la conquiste. –Voy a una tierra extraña, donde no me conocen; y donde, desde que me sospechen, me temerán”.
Según el historiador, Ernesto Limia, José Martí debió plantearse el tema de la independencia cubana como un problema universal. Solo una Cuba emancipada del coloniaje –con una república antimperialista de base social y popular–, podría impedir que Estados Unidos se extendiera sobre nuestras tierras de América y contribuir con ello al “equilibrio del mundo”. ¿Qué hacer entonces?: forjar conciencia. “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra” –escribió en su célebre ensayo “Nuestra América”, publicado el 30 de enero de 1891. Y esbozó un concepto esencial: “Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”. Literalmente se refería a los acorazados botados al agua por los astilleros yanquis, para conquistar la supremacía de su Armada en el Atlántico y el Pacífico.
Impresiona la visión de Martí, el habanero universal que entregó su alma toda por la libertad de la isla.
Seguidor eterno de ese misterio que nos ilumina: la cubanía. No pasaría mucho tiempo después del gran ensayo Nuestra América para que emprendiera la creación de una base social fundamental para fundar una revolución.
El 5 de enero de 1892, se aprueban las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), el partido político de la unidad nacional para expulsar a España de Cuba y conducir la revolución social en la república.
El 14 de marzo Martí vuelve a Nueva York y funda Patria, periódico de una clara fuerza ideológica. Y el 10 de abril, en el XXIII Aniversario de la Constitución de Guáimaro, se proclamó el PRC.
En septiembre de ese año Marti visita a Máximo Gómez en su natal República Dominicana y le ofrece el cargo de general en jefe del ejército mambí. El guerrero dominicano accede. Al año siguiente se encontraría con Antonio Maceo quien estuvo de acuerdo en continuar la batalla.
Pero esa unión de los tres grandes lideres era seguida de cerca por las autoridades españolas. El golpe terrible de La Fernandina, el plan para el traslado a Cuba de armas y pertrechos militares en las embarcaciones Lagonda, Amadís y Baracoa, lo demostró.
El 20 de marzo de 1893, el capitán general Alejandro Gómez Arias notificó a Madrid: “Tengo noticias, cuya comprobación persigo, acerca de una expedición proyectada, la que con fuerza numerosa y bien armada se supone debe partir de la isla Fernandina en un barco de vapor a cuya adquisición se destinan los fondos: la he comunicado también al consulado de Cayo Hueso con las referentes personas relacionadas con este presunto proyecto”.
Pero no se desalentaron los emigrados que apoyaban económicamente a la naciente revolución. Como bien señala Ernesto Limia, historiador: “Lejos de producir desaliento, lo ocurrido en Fernandina agitó los ánimos de los emigrados. Estaban impresionados ante la magnitud del proyecto martiano, cuyos resultados no imaginaban siquiera los más optimistas en las filas revolucionarias. El levantamiento se fijó para el 24 de febrero, domingo de carnavales”.
¿Quienes apoyaban a José Marti para la creación de una revolución en la isla aquellos años finales del siglo XIX? A las almas inolvidables de los emigrados dedicaremos nuestra próxima crónica.
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