Crear conciencia para fundar una revolución (II Parte)

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Los emigrados cubanos fueron semilla vital en el apoyo a la Guerra Necesaria que vio la luz el 24 de febrero de 1895.

El verbo poderoso de José Martí conectó con un público que sentía en lo más hondo la paz sin independencia que dominaba a Cuba. El 24 de enero de 1880 pronuncia su primer discurso en el Steck Hall: “Los grandes derechos no se compran con lágrimas, -sino con sangre.

Las piedras del Morro son sobrado fuertes para que las derritamos con lamentos, -y sobrado flojas para que resistan largo tiempo a nuestras balas. -¿Qué porvenir sombrío el de nuestra tierra si abandonamos a su esfuerzo a los bravos que luchan, y no nos congregamos para auxiliar, con la misma presteza y alientos con que se congregan ellos para combatir! (…) ¡Movéos y contentáos, muertos ilustres! –Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

El carisma y el magnetismo de Marti junto a su prosa elegante enamoran a las multitudes. Cuba habla al mundo desde su pasión arrolladora. Viaja por algunos países de la región, se regocija su alma ante la imagen del libertador en Venezuela, trabaja, escribe y piensa en la patria amada. Regresa a Nueva York, allí recibe con el abrazo de su madre a finales de noviembre de 1887 el anillo forjado con el mismo hierro de los grilletes que dejaron marcas hondas en su cuerpo. Brillan ante sus ojos cuatro letras impresas en el anillo: Cuba.

Ve la luz, La edad de oro, y surgen los Versos sencillos en aquella vida agitada de Martí en la que no faltaban sus encuentros con los emigrados. Inolvidable su discurso del 26 de noviembre de 1891 en el Liceo Cubano de Tampa: “(…) alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos, uno de cuyos principios enunciados forma parte hoy de nuestra Constitución (…) yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Evocación a la unidad de los patriotas exiliados representa el discurso Pinos Nuevos en homenaje a los ocho estudiantes de medicina fusilados por las autoridades españolas 30 años antes en La Habana. Reflexiona Martí sobre el tema de la muerte: “…la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!”

Al día siguiente en un emotivo mitin los emigrados le despiden. Anuncia José Martí públicamente las bases del Partido Revolucionario Cubano. El apoyo económico de los que han abandonado la patria y comparten con él  exilio toma fuerza. Son personas con trabajos sencillos que sacrifican sus pocas ganancias por un futuro de independencia en la isla. Hacia ellos va el pensamiento agradecido desde Cuba en este Siglo XXI. No les olvidamos.

Tal como Martí recordó muchas veces al humilde tabaquero Juan Fraga que contribuyó con sus modestos recursos a la causa por la independencia de su tierra. Juan, fundó en 1888 en Nueva York el Club Los independientes, que él mismo presidió. “Cuando andaba el pensamiento vigilante agrupando, en el silencio humilde, las grandes fuerzas que solo por lo desconcertadas parecían dormidas, o estallaban con violencia noble y peligrosa en cuanto veían chispear la menor luz, se puso un hombre solo y por sí mismo, a juntar cubanos, y juntó muy pronto a muchos, y de los más varios y opuestos pareceres de detalles, en el club ya patriarcal, de Los Independientes”, escribió Martí.

El 13 de marzo de 1892, domingo, cuatro clubes revolucionarios ya constituidos en Nueva York: Los Independientes, Martí, Borinquen y Pinos Nuevos, se reúnen y ratifican su adhesión a las bases del Partido Revolucionario Cubano. Al día siguiente José Martí escribe sobre Fraga: “Presidía por elección justa de los club, el que con su alma honrada y tenaz se tiene ganado un afecto que solo se concede al mérito seguro”.

Con justicia aquellos hombres y mujeres, principalmente anónimos, andan en el alma de Cuba como un influjo poderoso que otorga vitalidad a esta hermosa tierra caribeña para continuar por el camino de la independencia. Martí sigue indicando el camino en tiempos de continuidad en la isla: “La patria necesita sacrificios, es ara y no pedestal, se le sirve, pero no se le toma para servirse de ella”. Crear conciencia sigue siendo una meta, una responsabilidad para avanzar hacia una etapa superior.

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imop/

 

 

 

 

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