“Perdura lo que un pueblo quiere”

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Aquel 24 de febrero de 1895 la semilla de la independencia de Cuba recibió un influjo vital. No existe hoy sin ayer.

Fue el humilde tabaquero, Juan de Dios Barrios, quien hizo llegar al patriota y periodista Juan Gualberto Gómez las nuevas instrucciones de José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano.

En documento, breve y conciso, dentro de un tabaco llegó la noticia del inicio de la Guerra del 95, Guerra Necesaria o Guerra de Independencia de Cuba, acción armada organizada por José Martí para lograr la definitiva independencia de Cuba.

Uno tras otro se sucedieron los levantamientos en distintas regiones de la isla. La pasión de aquellos guerreros cristalizó en la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959 que estableció la definitiva soberanía soñada por Martí en Cuba.

Maniobras injerencistas, prácticas terroristas, manipulaciones y actos subversivos promovidos desde Estados Unidos, con la complicidad de elementos inescrupulosos, que con el pretexto de hacer arte intentan mancillar nuestros símbolos se suceden día tras día.

Y digo intentan porque el hecho sagrado de los símbolos los mantiene por encima de toda mala intención venga de donde venga.

Se hieren los que pretenden deshonrar el nombre de la tierra donde han nacido y esas heridas invisibles las tendrán que asumir durante esta y todas sus existencias sobre la tierra.

Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos definen el compromiso con la patria que escogieron nuestros ancestros para nosotros. Estamos aquí para cumplir con los destinos de nuestras raíces.

Llevamos el signo de Cuba en el espíritu y debemos cumplir con ella tal como lo hizo José Martí.

Campañas mediáticas saltan como hormigas malditas aun en tiempos de pandemia.

Profesionales de la salud responden con la paciencia de los agradecidos en muchos rincones del mundo, en los salones de hospitales de la isla y en centros de investigaciones donde la esperanza reconforta.

Capitalinos: es hora de unir conciencia y virtudes, de sacar lo mejor de cada uno de nosotros para sostener la gloria que sembraron los guerreros de ayer.

Soberanía que cristaliza en Soberana 01 y 02, nombre que son luces en medio de una pandemia, que nos convierten en la única nación del continente que tendrá vacunas hijas del talento local. Otras dos en proceso.

Confianza, que el faro de luz que representamos siga encendido a pesar de las tormentas, sin vacilaciones ni divisiones.

Cuba y su soberanía no son negociables, eso lo sabemos todos.

Ya lo dijo José Martí, el habanero universal que nos convoca siempre: “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura lo que un pueblo quiere”.

infografía- 24 de febrero- guerra necesaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

imop/

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