El mar y el espíritu de la isla en Hemingway

Hemingway_en_la_Finca_Vigia junto a esposa y amigos- (AP Photo/John F. Kennedy Presidential Library and Museum, File)

“En la oscuridad el viejo podía sentir venir la mañana y, mientras remaba, oía el tembloroso rumor de los peces voladores que salían del agua y el siseo que sus rígidas alas hacían surcando el aire en la oscuridad. Sentía una gran atracción por los peces voladores, que eran sus principales amigos en el océano”.

Clima, cultura e historia de Cuba, vibran en las obras literarias del escritor estadounidense Ernest Hemingway.

Su novela El viejo y el mar es una obra que respira los olores y sentimientos de la mayor isla del Caribe.

En las calles adoquinadas de la parte más antigua de la capital cubana se siente su huella poderosa.

El hombre y el mito surgen en los más inesperados rincones con historias nuevas que acarician la leyenda.

Más de 90 años han pasado desde que el gran autor pisara tierra cubana por primera vez aquel 1 de abril de 1928 que La Habana ha guardado con ternura.

Hizo una escala de tres días en un viaje que lo llevaría a España. Pero durante esas 72 horas en el hotel Ambos Mundos en la Habana Vieja, la historia, el mar  y la magia de su gente lo conectaron definitivamente al espíritu de una tierra que lo sigue amando a viva voz.

Su regreso en 1932 fue un paso más que repitió cinco años después mientras se separaba de su esposa Pauline.

Con su tercera Esposa Martha Gellhorn compró Finca Vigía en las afueras de La Habana donde actualmente existe un museo.

Fueron casi 20 años escapando de los intensos inviernos de Idaho para abrazar el calor caribeño y escribir obras imprescindibles como Islas a la Deriva, París era una Fiesta, o El Viejo y el Mar. “Vio el fulgor reflejado de las luces de la ciudad a eso de las diez de la noche.

Al principio eran perceptibles únicamente como la luz en el cielo antes de salir la luna. Luego se las veía firmes a través del mar, que ahora estaba picado debido a la brisa creciente.

Gobernó hacia el centro del resplandor y pensó que, ahora, pronto llegaría al borde de la corriente. «Ahora ha terminado — pensó— probablemente me vuelvan a atacar. Pero, ¿qué puede hacer un hombre contra ellos en la oscuridad y sin un arma?. Estaba rígido y adolorido y sus heridas y todas las partes castigadas de su cuerpo le dolían con el frío de la noche”.

Hemingway entabló un dialogo con el mar en esta parte del mundo y con el espíritu de todo lo viviente. Esos susurros misteriosos de La Habana se iniciaron aquellos días de 1928 en la habitación 511 del Hotel Ambos Mundos que actualmente se mantiene intacta.

Cuentan, que asomado a las bellezas de la parte más antigua de la ciudad comenzó su novela, Por quien doblan las campanas, entre las paredes que no lo olvidan. Sus fotografías en el vestíbulo del tradicional hotel intentan hablar con los transeúntes.

Existe una ruta cultural que rememora el paso del autor por la parte antigua de la ciudad. La Bodeguita del Medio o El Floridita son sitios obligados para sentir su huella.

En el mar y el espíritu de la isla percibimos su impronta que es también la de su novela inmortal, El viejo y el mar. “El muchacho llevó la lata de café caliente a la choza del viejo y se sentó junto a él hasta que despertó. Una vez pareció que iba a despertarse. Pero había vuelto a caer en su sueño profundo y el muchacho habla ido al otro lado del camino a buscar leña para calentar el café. Finalmente el viejo despertó”.

En la vida lo más importante es permanecer despiertos, atentos a la magia que revela la ciudad y que cristaliza en la literatura, ese soplo vital que atrapa esencias.

Como un guiño a la inmortalidad, Ernest Hemingway, sigue aquí. Las ondas invisibles del amor lo regresan a esta ciudad en sueños y en sus obras literarias.

Aquel día terrible que decidió quitarse la vida, un suspiro lo regresó a La Habana. “Allá arriba, junto al camino, en su cabaña, el viejo dormía nuevamente. Todavía dormía de bruces y el muchacho estaba sentado a su lado contemplándolo. El viejo soñaba con los leones marinos”.

imop/

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