María Elena Raimondi, con el signo del amor

María Elena Raimondi, con el signo del amor. Foto: Abel Rosales.

María Elena Ramondi Gómez transpira nobleza. No esconde las emociones cuando entra en el círculo infantil Mi casita colonial, en el Consejo Popular San Isidro del municipio de La Habana Vieja, la parte más antigua de la capital cubana.

“Treinta años estuve aquí dando lo mejor de mi vida. Mi vida completa está entre estas paredes, imagínese usted”, confiesa mientras trata de contener las lágrimas. Junto a Vilma Espín, Heroína de la Revolución cubana, Ramondi Gómez formó parte de un grupo de cubanas esenciales en la historia de la Isla.

El 10 de abril de 1961, su talento la convirtió en fundadora de los círculos infantiles. “Eso fue cumpliendo con nuestro deber porque para mí los círculos infantiles son la obra más linda y grande de la Revolución cubana, por lo que representan los niños, lo que representa la familia y la comunidad. Yo centré mi vida en eso y a la formación de los valores en los niños”, explica, mientras se acomoda la mascarilla.

María Elena Raimondi, con el signo del amor. Foto: Abel Rosales.
Una vida dedicada a la primera infancia. Fotos: Abel Rosales.

El pasado 9 de abril de 2021, el secretariado nacional de la Federación de Mujeres Cubanas le entregó un reconocimiento especial por su labor como fundadora de los círculos infantiles y por mantenerse aportando en la atención a la infancia y a la familia.

“Es una emoción muy grande, porque cada parte de mi vida la encuentro entre estas paredes y me siento orgullosa porque veo la continuidad, veo al personal que formé que es el que está dirigiendo ahora y desde donde estoy sigo aportando. Me voy a morir con eso, porque soy educadora de nacimiento, nací con ese amor hacia los niños”, dice, y lágrimas furtivas se pierden detrás del nasobuco.

Quedamos en silencio unos segundos. A fondo se escucha una canción infantil de Teresita Fernández, un clásico para generaciones de cubanos: “Amiguitos vamos a todos a cantar porque tenemos el corazón feliz, feliz, feliz”. Muchos niños del Consejo Popular de San Isidro fueron felices durante sus años en el círculo infantil Mi casita colonial, gracias a la labor apasionada de Ramondi Gómez. En la esquina de las calles Compostela y San Isidro, donde hace más de 60 años reinaba la pobreza, la violencia y la prostitución, hoy existe un círculo infantil. Diariamente la familia acude para dejar a sus niños al cuidado de profesionales de alto nivel lo que les permite continuar su vida laboral.

Cuando parece que se le acaban las palabras su voz vuelve a inundar el salón: “Y hasta el último día de mi vida voy a estar apoyando, ayudando, mientras necesiten de mí. Hasta ahora cada vez que puedo, cada vez que me necesitan ahí estoy. Yo nací para ser educadora y si volviera a nacer, volvería a ser lo mismo”. La grandeza de la Revolución cubana anda en el aliento de mujeres como María Elena Raimondi Gómez. Incasable, apasionada, rebelde, ella es de esos seres que contaminan con su fe a los que le rodean; una cubana que lleva el signo del amor en su alma.

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fny

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