A 60 años del sabotaje a la tienda El Encanto en La Habana
Así quedó destruida la exclusiva tienda habanera en una operación realizada por agentes de la CIA. / Foto: Archivo Granma.
El 13 de abril de 1961 aproximadamente a las 19:00 (hora local) la alarma recorrió las calles de La Habana. El edificio El Encanto, la tienda por departamentos más grande de Cuba era consumida por el fuego. Algunos vecinos aseguraban haber escuchado explosiones. Los desesperados intentos por detener el avance de las llamas no dieron resultado y rápidamente el fuego se expandió por los siete pisos y 65 departamentos de venta del edificio.
Una de las empleadas, Fe del Valle Ramos, que estaba de guardia esa noche decidió regresar al edificio desafiando las llamas, para recoger el dinero recaudado. Era la jefa del cuarto piso, y del Departamento de productos para niños. Minutos después comenzaron a derrumbarse las paredes y sus compañeros perdieron las esperanzas. Al día siguiente encontraron su cuerpo calcinado mientras recogían los escombros.
En días precedentes en una carta que Fe del valle le escribió a uno de sus hijos que estudiaba en Checoslovaquia le dijo: “Desde luego que todas esas maravillas no pueden conseguirse sin el gran esfuerzo de parte del pueblo y así lo explicó bien Che (Guevara) en una reciente comparecencia y en la cual dijo que esto es una lucha a muerte con nuestros enemigos y que tenemos que estar preparados para todo”.
Es difícil imaginar los momentos terribles que enfrentó Fe del valle sola mientras el humo y las llamas sepultaban su cuerpo para siempre. En el sitio donde estaba la famosa tienda se construyó un parque que lleva su nombre y recuerda al caminante uno de los más terribles actos contra Cuba patrocinado desde Estados Unidos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, siglas en inglés).
Han pasado 60 años del terrible suceso pero Cuba no olvida. En la tarde del 13 de abril de 1961, Carlos González Vidal trabajador de El Encanto, recibió dos petacas incendiarias preparadas con explosivo plástico C-4. Luego de despachar su última venta se dirigió al departamento de sastrería, justamente a la sección de telas donde habitualmente ayudaba a las compañeras a la hora del cierre.
Al quedarse solo, Carlos, deslizó una petaca incendiaria, después de activarla, entre dos rollos de tela. En otra estantería repitió la acción. González Vidal accedió a realizar el acto terrorista con la condición de que lo sacaran del país. Por esa razón, una vez colocados los objetos incendiarios, fue conducido a unos 30 kilómetros al oeste de La Habana hasta la localidad costera de Playa Baracoa. Le fue imposible escapar y tuvo que asumir su responsabilidad por el acto terrorista.
mm/
