«El espejo de los enigmas»
No existe sombra posible en la palabra de José Martí, el hijo de La Habana, el apóstol por la independencia de Cuba del yugo español. Incluso, en sus evocaciones a la muerte, se percibe el encuentro con la luz, la perpetuidad que no se elige.
Aquel día terrible que no olvidamos los cubanos, el 19 de mayo de 1895, la muerte definió el surgimiento de un espíritu indetenible ungido con la fuerza de la patria. El sacrificio bajo el sol y la entrada a la inmortalidad.
La caída en combate de Martí, escritor, político y poeta tiene una lectura espiritual que otro escritor también habanero, José Lezama Lima, menciona en su texto “Secularidad de José Martí” con una impactante trascendencia: “Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi, donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfigura en el espejo de los enigmas”.
Publicado como texto introductorio en la edición de la revista Orígenes dedicada al centenario del nacimiento del héroe cubano, el texto mantiene su encendida conexión con la inmortalidad de Martí. “Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”, menciona Lezama. Y agrega: “La majestad de su ley y la majestad de sus acentos, nos recuerdan que para los griegos mártir significa testigo. Testigo de su pueblo y de sus palabras, será siempre un cerrado impedimento a la intrascendencia y la banalidad”.
¿Qué significa la casa del alibi? En 1985, al encontrar el manuscrito de un poema inédito de Lezama con el título “La casa del alibi”, el escritor e investigador cubano, Cintio Vitier, despertó el sentido de esa palabra: “alibi, de inspiración jesuítica, proveniente del culto ignaciano”. Lezama Lima extrapola la palabra para mitificar el sacrificio solitario de Martí y sugerirnos el milagro de su resurrección.
La muerte es ese instante mortal en que la obra creada con fe y razón conecta con lo trascendente, lo que está más allá de lo visible. Ese momento toca la leyenda el 19 de mayo, hace 126 años, cuando el espejo de los enigmas advirtió al mundo la inmortalidad de un cubano universal. Su palabra luminosa nos sigue acompañando: “¡Arpa soy, salterio soy donde vibra el Universo; Vengo del sol, y al sol voy; Soy el amor: soy el verso!”
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