La poderosa obra del doctor Emilio Roig
En su génesis, la Oficina del Historiador de La Habana surgió para “fomentar la cultura habanera e impulsar y ayudar el aumento de la nacional y americana dando a su actuación carácter y proyección eminentemente populares».
Aquel 11 de junio de 1938 que no olvidaremos las autoridades municipales dieron vida a una institución pública y organismo autónomo municipal, que sistematizaría la labor del doctor Emilio Roig.
Ese día nacieron los pilares para la protección del patrimonio: la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros –antecesora de la actual Comisión Nacional de Monumentos–; el proyecto de Ley de los Monumentos Históricos, Arquitectónicos y Arqueológicos (que data de 1939 y es antesala de las Leyes Uno y Dos del Patrimonio Cultural y de los Monumentos Nacionales y Locales respectivamente, aprobadas en 1977) y también el trabajo conjunto realizado con la Junta Nacional de Etnología y Arqueología.
Luego, los Congresos Nacionales de Historia, y los trabajos de investigación histórica iniciados con la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales que actualmente continúa la Oficina del Historiador, a través de su Dirección de Patrimonio y su Departamento de Investigaciones.
En la década de 1940, la Oficina del Historiador trabajó intensamente en el rescate, la protección y rehabilitación de los monumentos y sitios históricos de la ciudad. De ese periodo se recuerda las campañas libradas contra la demolición de la iglesia y el hospital de San Francisco de Paula y del convento de Santo Domingo, donde estuvo ubicada la primera universidad.
Inolvidable la labor en la regulación de los nombres de las calles de La Habana, el reconocimiento de sitios de interés, el rescate de la casa natal de José Martí como Museo o en la recuperación de tradiciones como los carnavales y las comparsas. Muchos de esos temas aparecen en crónicas de la prensa habanera del siglo XIX, que retomó Emilio Roig como una necesidad de conservar nuestro folclore.
Los máximos líderes de la revolución cubana, en 1959, apoyaron la Oficina del Historiador en su misión de salvaguardar el patrimonio nacional, histórico y artístico.
El doctor Emilio Roig, comenzó a dar proyección popular a su cargo divulgando todo el conocimiento de la historia de la capital cubana.
Con esa intención sugirió al Alcalde Municipal, que era entonces el doctor Guillermo Belt, que se publicaran obras breves, claras, sencillas, de distribución gratuita, sobre temas históricos locales.
Los Cuadernos de Historia Habanera, conservados en el Museo de la Ciudad siguen vivos como una serie consagrada “a divulgar popularmente, con fines educativos y culturales, la historia del término municipal de La Habana, tanto en lo que se refiere a acontecimientos acaecidos en el mismo, a lugares, edificios o monumentos de interés y valor histórico, como igualmente a conmemorar y a enaltecer la vida y la obra de personalidades habaneras de significación y prestigio relevantes en las letras, las ciencias, las artes y la enseñanza o que más hayan figurado como benefactores públicos o como mantenedores y defensores de la libertad e independencia de Cuba”. Comenzó en 1935 y se publicó ininterrumpidamente hasta 1962.
La continuidad de la poderosa obra de Roig la garantizó su discípulo, el Dr. Eusebio Leal y ese gran equipo que le ha acompañado como la arquitecta Perla Rosales, la periodista Magda Resik, el historiador Félix Julio Alfonso y muchos otros. Han pasado 83 años y la obra de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana mantiene su vigor y conexión con las tradiciones.
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